¿Por qué primero observar y después actuar?

Desde los inicios de mi andadura profesional ronda en mi cabeza el tema de la observación y la pedagogía de la escucha. Muchas veces me encontraba en la escuela justificando esos momentos de quietud y observación del juego de niñ@s. Ahora que enseño a observar lo primero que me dicen es… parece que no hago nada y me siento mal.

No sabía cómo transmitir esa idea de «estoy trabajando» aunque parezca que no hago nada. Y es que no siempre hay que estar moviéndose, haciendo, hablando, ordenando… A veces son necesarios esos momentos tranquilos para conectar, para profundizar en la relación y la comprensión de lo que estásucediendo. ¿Para qué hacemos? ¿Sobre qué actuamos?

La observación de la que hablamos aquí, hace referencia a la esencia de la persona que acompaña, es la garantía de la calidad del encuentro; garantizando que el encuentro sea real. Es decir, la observación profesional atiende al identificar cuáles son las reglas de comunicación e interacción que se pueden establecer entre el niño o niña con neurodivergencia y la persona que acompaña. Esto es el eje de toda la intervención.

Cuando intervengo de forma deliberada, sin esta antesala de la observación terapéutica, corro el riesgo de invadir, de anular y entorpecer el proceso terapéutico del niño o la niña, ya que sino tengo la información previa del cómo son estas reglas de comunicación, cómo interactúa este niño o niña, cuáles son sus centros de interés, si hay o no contacto visual, si ve al adulto o al otro de una forma instrumentalizada… Si no dispongo de esta información que me da la observación terapéutica, es muy probable que mi intervención vaya más enfocada a la comprobación de su el niño o niña tiene las capacidades y/o habilidades para ejecutar mis propuestas de forma satisfactoria, que de descubrir cuál es su sistema de pensamiento para poder así acompañar al niño o a la niña en la conquista y/o adquisición de nuevas etapas madurativas y/o relacionales.

Condiciones para el estado de observación

Antes de continuar, quería dejarte claro algo que sucede a menudo en las formaciones en escuelas cuando hablamos de la observación y es que se mitifica la presencia de forma que, malentendido, se convierte en “el maestro que abandona su rol y se dedica a mirar sin interferir como si fuera un robot”. También entendemos que la suave línea entre intervenir, interferir u observar es dudosa ya que ‘sólo’ observando ya intervenimos, como te contaré más abajo. Y nada está bien ni mal, es así; a veces podemos entrar en el estado de observación, a veces no podemos o incluso no es necesario y nuestras acciones deben de ser otras.

Para encontrar el estado de observación el cual comentaba antes debe de haber unas condiciones determinadas. Podría hablar de varias de ellas, desde la predisposición personal y conocimiento propio, a las externas como horarios y objetivos adecuados y flexibles, actividad autónoma y vínculo con los alumnos. Éste es un trabajo que hacemos en los asesoramientos pero ahora me gustaría hablar del estado en sí, cuando ya tenemos estas condiciones a nuestro favor. Entonces partimos de tres aspectos que me resultan interesantes como paradigma:

1. Actitud curiosa

El primer aspecto que me sale cuando entro en el estado de observar tiene que ver con algo interno, del fluir y es esta actitud de dejarme sorprender, de saber que voy a descubrir alguna cosa interesante de l@s niñ@s presentes, de su juego, de su comunicación, de la relación con el objeto, con el entorno, con el otro, la expresión y manifestación de su estado anímico. Si fuera con la idea prefijada de “sólo están jugando”, “siempre hacen lo mismo” o cualquier juicio de este tipo realmente no vería nada valioso.

Esto requiere cierta presencia y mucha humildad incluso con aquellos que ya conozco mucho y me parece que ya se cómo actuarán y qué harán. Si lo miro todo como si fuera el primer día que viera sus manos, sus ojos, sus acciones, escuchara su voz, no dejarían de sorprenderme.

Te voy a contar una experiencia personal a modo de ejemplo. Estaba trabajando en una escuela enBurgos y la experiencia era toda maravillosa, excepto algo que me tenía muy preocupada. Un niño que despuntaba rasgos autistas. Yo sólo veía sus repetitivos movimientos y sonidos, sin cesar, y sin prestar atención a cualquier otra cosa de su alrededor, totalmente ensimismado en su juego básico, poco desarrollado o entendedor. Día tras día. Vinieron a visitarnos una escuela, una maestra con mucho corazón y experiencia, después de estar observando una mañana, me recomendó mirarle sin más, quitando la experiencia que tenía acumulada de él, todo lo que me habían contado de antes. Me parecía imposible hacerlo pero lo intenté y sucedió

Sucedió que empecé a ver matices en sus acciones, riqueza en su interior, un espacio de juego y conexión entre él y yo, y milagrosamente empezó a abrirse, a interesarse más por lo que le rodeaba. Tenía las mismas dificultades pero podía acompañarle y ya no me relacionaba con él desde la preocupación. Esta concepción de actitud y conocimiento sobre lo que voy a observar para saber leer lo implícito, el entrenamiento en la paciencia y en el ojo clínico, es lo que ofrecemos el equipo de la Raíz 21 que es formado y supervisado de forma contínua.

2. Dejar que lo estético entre

Podemos pensar que lo meramente estético por sí solo no trae ningún contenido interesante al aprendizaje, sin embargo yo considero que hay algo en esta forma de estar y observar, sin embargo, que es bello.

Cuando entro en este estado, conecto la belleza de mi interior (todas y todos la tenemos, aunque a veces la olvidamos) con la del exterior.  Y empiezo a ver una luz bonita, materiales sugerentes, espacios acogedores, acciones o gestos maravillosos, un tiempo precioso, palabras interesantes, procesos increíbles, formas de aprender y de hacer nuevas, y todo cuadra dentro de un marco estético que es la infancia y su cultura, su sentido, su vida y forma de aprender.

Esta idea de que de una foto no sale “la realidad objetiva” como en lo que perciben nuestros ojos tampoco, la he experimentado muchas veces personalmente y dando formación de documentación pedagógica también. Sólo aquello que tenemos dentro podemos verlo fuera, sea por lo bueno o por lo malo.

Y algo que apoya mi experiencia es la mirada de Jiddu Krishnamurti que decía “el observador es observado”. Por esto pongo énfasis en conocerse uno mismo para ver, observar, y luego “dejar entrar” aquello que vemos. ‘Solo’ observando ya estamos dando contenido a lo observado, ya intervinimos de alguna forma.

Por ello la terapia en el terapeuta se convierte en un acto de servicio.

3. Corporalidad implicada

Ya se ha escrito y hablado mucho de la filosofía del observar; si aún estás en un estado inicial, y has intentado entenderlo desde la razón, te diría que intentes implicar tu cuerpo en la observación. Y veas que te sucede. No estamos acostumbrados a implicar el cuerpo en nada de lo que hacemos y asísolemos crear la escuela también, en la que solo el cerebro cognitivo importa.

Me doy cuenta de que cuando estoy observando, todo mi cuerpo (incluso más allá de todos los sentidos) está implicado. No sólo una implicación como del que está “trabajando” sino una implicación que genera cierto bienestar (¡ah!, otro estado que no nos permitimos en la práctica). Además me doy cuenta de que si sólo utilizo mis ojos, no veo realmente.

Cuando entro en este estado, observo con el tacto, con las emociones, con el latido del corazón, con la respiración de mis pulmones, con mi posición corporal, con toda la vida que hay dentro del cuerpo. Asíes también una forma de reconocer la vida de los niñ@s, ellos también están aprendiendo con el tacto, al lado de sus emociones, batiéndoles el corazón y respirando con los pulmones. Es que al final, al final de todo, observar, estar, relacionarse, aprender, vivir, todo es lo mismo ¿verdad?

Así que, puedes intentar reconocer cómo te sostienes en la práctica de la observación, mirar con todo tu cuerpo, dejar que entre lo estético, dejarte sorprender con tu actitud curiosa… y todos los ingredientes del estado de la observación que hay en ti se estarán cocinando.

Estos son mis ingredientes, quizá para ti contenga otros conceptos, otras maneras a las mías, pero de lo que estoy segura es de que sea como sea, tu observación consciente será beneficiosa para cualquier persona que se ponga en tus manos.

Desde nuestra mirada particular nos atrevemos a proponer algunas condiciones o requisitos a la observación:

Buscar la comprensión, vinculada a la intención, entender la posición subjetiva de quien observamos.

Considerar centrales los procesos interactivos y las mutuas transformaciones entre el sujeto observado y el observador.

Contextualizar las acciones en secuencias de interacciones. 

Ser consciente de las proyecciones del observador.

Proponer una metodología adecuada al objeto y sentido de la observación. 

Ser ética, lo que implica ser conscientes de los propios valores y posiciones, así como de los efectos de mis conclusiones.

Y ahora, cuéntame tú ¿Has entrado alguna vez en ese estado de observación? ?¿Cómo lo has vivido? ¿Cómo ha cambiado tu interacción o trabajo con la infancia?¿Qué es lo que más te cuesta para entrar en ese estado?

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