¿Qué despierta en ti acompañar las emociones de tus hij@s?

  • La expresión de sus emociones es una necesidad para nuestr@s hij@a.
  • ¿Cómo es para nosotr@s justo cuando aprietan esa tecla que nos conecta con algo tan doloroso?
  • ¿Pero cómo es para nosotr@s la vivencia de acompañar las emociones?

 

Educar a los hijos nunca es tarea fácil. Y poner el foco en la crianza cuando el bienestar emocional está mermado plantea un gran reto. Nerviosismo, desesperanza, tristeza, frustración son algunos de los sentimientos que circulan actualmente de forma recurrente y que pueden despertar respuestas exageradas ante actuaciones de los hijos. “A todos nos afecta la situación actual de una forma u otra. Debido a ello, pueden producirse reacciones desproporcionadas ante comportamientos normales de los niños”.

Las emociones desagradables aparecen de forma natural, sobre todo cuando ocurren cambios drásticos en el entorno o situaciones que afectan directamente a la seguridad o al bienestar personal. Pero parece que los progenitores deban mantener estoicamente una calma aparente pese a que su panorama interno se revele desolador. 

No obstante, puede que expresar abiertamente estados anímicos poco agradables delante de los niños no sea tan mala idea, ya que puede ayudar a educar emocionalmente a los hijos.

Sentirse abrumados por la economía familiar, nervioso ante la potencial pérdida de un trabajo o preocupado por una enfermedad son reacciones naturales. El problema se desencadena cuando estos sentimientos se tornan cotidianos. “Si el adulto se ha instalado en esas emociones y se convierten en su estado emocional habitual pueden interponerse en la crianza. Además, transmitirán a sus hijos, sobre todo si son muy pequeños, una sensación de inseguridad o fragilidad superiores a lo que ellos pueden asumir como fragilidad normal”

Más allá de este escenario, que debe ser tratado por un profesional, que a un adulto le sobrevengan las lágrimas o muestre su tristeza no debe ser motivo de preocupación. “No pasa nada porque los padres lloren delante de los hijos. Lo podemos hacer dentro de la naturalidad del contexto. Pero una cosa es expresar la emoción, decir cómo me siento, y otra muy distinta, compartir las preocupaciones”.

 

«Los padres son los responsables del bienestar de los hijos, y no al revés»

Aconsejamos evitar mostrar reacciones emocionales muy intensas, porque los pequeños no sabrían contextualizarlas. Asimismo, es importante tener en cuenta que la relación paterno-filial es asimétrica, los padres son los responsables del bienestar físico y emocional de los hijos, y no al revés. “No es una relación de ‘hoy por ti, mañana por mí’ como, por ejemplo, ocurre en una amistad”

Manifestar abiertamente en la familia las emociones es clave para que los hijos desarrollen inteligencia emocional. “Los padres pueden educar emocionalmente hablando de sus propias emociones, y expresándolas dentro de unos límites, pero siempre demostrando que son adultos, cuidadores responsables y que un mal día no implica que papá o mamá dejen de proteger y estar disponibles para los niños”. Se dan situaciones a diario en que los niñ@s necesitan ver que existen emociones asociadas a unas sensaciones poco placenteras, como el miedo, la rabia, la culpa, la tristeza, la vergüenza.

Por muy buenas intenciones que tengamos como padres o educadores, en las situaciones reales cotidianas; los estados emocionales intensos de los niñ@s que acompañamos, sus rabietas, sus peticiones, sus lloros… despiertan “cosas” en nosotros.

Ante estas situaciones nos podemos poner tensos, nerviosos, nos puede despertar nuestra propia rabieta, nuestras emociones pueden volverse también intensas… a veces nos desbordamos, y desbordados no podemos acompañar, porque podemos entrar en luchas de poder buscando quién gana y quién pierde, quién tiene la razón y quién no…

Nosotros somos los adultos, los que podemos aprender a diferenciar las necesidades que hay tras las emociones de los niñ@s (por intensas que sean) para que progresivamente ellos puedan también identificarlas y por lo tanto satisfacerlas.

Antes un conflicto solemos quedarnos en la conducta observable en lugar de indagar qué necesidades no cubiertas hay debajo, pero antes de realizar este abordaje debemos aprender a identificar nuestras emociones en las situaciones de conflicto, identificar qué nos despiertan sus emociones, identificar por qué reaccionamos de esa manera, para poder acoger sus emociones u las necesidades que hay tras ellas de forma objetiva sin luchas ni juicios.

Es importante que repensemos sobre lo que pensamos al respecto, porqué actuamos influidos por lo que vemos y oímos (el rol de otros padres o lo que nosotros vivimos como hijos), la mirada que tenemos hacia la infancia (deben de hacer, deben de obedecer, está retrasado respecto a… con lo que vemos a los niños como oponentes…), lo que sentimos (que depende de lo que vivimos y recibimos en nuestra familia de origen…) y nuestros miedos (lo que pensarán de nosotros como padres otros adultos…)

“El problema no es la situación, sino cómo reaccionamos ante ella”, Desde la Raíz21 os brindamos un espacio de acompañamiento y asesoría grupal e individualizada.

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