Elegir juguetes para niñ@s con autismo puede ser una tarea complicada. Por un lado, por la falta de interés en determinados juguetes o por tener unos intereses muy restringidos, y por otro, porque en muchas ocasiones la falta de juego simbólico o la rigidez les lleva a usar los juguetes de una manera poco funcional.
Cada niñ@ con autismo es un mundo y tiene sus propias peculiaridades, así como preferencias por tipos de juego y de juguetes. Es importante distinguir entre juego libre y terapia. El placer del niño por jugar que ya lleva implícito aprendizaje pero a priori no conlleva ningún objetivo terapéutico. Desde la Raíz21 os damos algunas pistas de qué juegues elegir para favorecer su desarrollo y contribuir a su bienestar.
Juguetes para estimularse y ‘regularse’
No se puede generalizar, pero sí es cierto que los niñ@ con autismo, a la hora de jugar, pueden tener determinadas peculiaridades. Así, es común que les dé por apilar los objetos, moverlos, hacer que ruedan una y otra vez… Y esto pueden hacerlo con cualquier tipo de juguete, «a un niñ@ con TEA pueden interesarle desde los juguetes más simples y mecánicos, como los circuitos o las piezas para hacer construcciones, hasta los más complejos y relacionados con sus áreas de interés, como los animales, las figuras de acción o las muñecas. No existe un patrón único ni uno más frecuente.
La duda de muchos padres a la hora de elegir juguetes para sus hijos con autismo es si decantarse por esos juguetes con los que tanto se entretiene o se estimula, pero que no usa como ‘debe’ o que no son útiles desde el punto de vista de su desarrollo, o por aquellos que le pueden beneficiar más a nivel cognitivo. En este sentido, recomendamos ser flexible, y no fijarnos tanto en el juguete en sí como en el uso que les dé, «ningún juguete es más recomendable que otro, desde el punto de vista de la intervención nos importa más la cantidad de oportunidades que se brinden para estimular con ellos el desarrollo de habilidades cognitivas y de interacción social».
Por ejemplo, aunque a priori, un juego repetitivo -como mover o agitar compulsivamente un objeto- pueda parecer negativo, no tiene por qué ser así, «son recomendables en la medida en que sirvan al niño o niña para autorregularse sensorial y emocionalmente. Muchas veces son ellos los que encuentran por sí mismos los objetos que mejor les funcionan para esto, y otras veces es posible que desde su entorno se detecte una necesidad sensorial en particular y entonces se busquen alternativas a determinadas conductas de autoestimulación que pueden resultar inconvenientes a través del uso de juguetes u objetos».
Lo más importante es la cantidad de oportunidades que les brinden los juguetes para estimular el desarrollo de habilidades cognitivas y de interacción social.
Así, por ejemplo, si detectamos que el niño mueve para tranquilizarse un determinado objeto cotidiano o juguete con el que puede hacerse o hacer daño, «podemos facilitarle algún objeto para que manipule de forma alternativa, como un fidget toy o juguetes que tradicionalmente se han denominado como ‘antiestrés’. Si detectamos que tiene alguna necesidad de estimulación sensorial en particular, podemos buscar juguetes que se la proporcionen». Eso sí, es mejor racionarlos para evitar «que interfieran con el desarrollo de las actividades cotidianas o limiten las oportunidades de socialización. Tod@s tenemos nuestras estrategias para regularnos emocionalmente o afrontar situaciones estresantes y esta puede ser una más para las personas con TEA».
Fomentar la flexibilidad y la imaginación
Es habitual que los niñ@s con autismo hagan un uso poco imaginativo e inflexible de los juguetes. En lugar de, por ejemplo, inventar historias con los clicks, hacer rodar un coche por el circuito o dar de comer a una muñeca, los ponen en fila o les dan compulsivamente a un botón. ¿Es mejor, entonces, evitar estos juegos convencionales si no los utilizan bien? Opinamos que no, pero sí recomendamos jugar con ellos intentar ‘reconducirlos’, «a veces, su forma de utilizarlos es a través de la exploración sensorial o funcional, buscando reacciones causa-efecto o de maneras poco habituales o no pensadas para esos objetos en particular, repetitivas o ritualistas. No es algo negativo en sí mismo, pero es cierto que es conveniente ofrecerles oportunidades para hacer otros usos de los juguetes, especialmente sociales o imaginativos».
El juego repetitivo no es negativo en sí, pero es conveniente ofrecerles oportunidades para hacer otros usos de los juguetes.
Para favorecer la imaginación y el juego simbólico, nos invita a sentarnos, jugar con ellos partiendo de sus intereses e «inventar historias o situaciones en las que se emulen escenas sociales que involucren dichos ámbitos de interés. Después, se le puede animar a jugar o modelar el juego tomando su mano y haciendo las cosas juntos. Puede ser útil dividir la actividad en pasos o utilizar disfraces y elementos que ayuden a imaginar la escena más fácilmente», explica.
Para conseguir que colaboren, «debemos permitir que ellos guíen la interacción e introducir sutilmente variaciones en el juego que favorezcan la reciprocidad social y emocional. Por ejemplo, se pueden imitar sus acciones incorporándoles alguna ampliación con sonidos o dotando de ‘vida’ a los objetos: si a un niño le gusta girar las ruedas de un coche, podemos imitarle haciéndolo y después hacerlo correr por el suelo haciendo ‘brrm brrm’; o si le gusta abrir y cerrar las puertas de los juguetes, después se pueden agregar figuras o personajes que entren por esas puertas».
«No hay ningún juguete que se deba evitar, lo más importante es el uso que se hace de ellos y el acompañamiento que recibe«