Movimiento y Comunicación

TENER lenguaje es tener un cuerpo

El movimiento es un medio de comunicación universal que surge como una eficaz herramienta para establecer el contacto con niños neurodivergentes, la comunicación a través del movimiento ayuda a los niños a tomar contacto con ellos mismos y con su propio cuerpo (Erfer, 1995)

En la Raíz21 ponemos en marcha un conjunto de actividades de tipo motor que se relacionan con esta necesidad básica y les proveen de experiencias que les resultan en algún sentido satisfactorias y que buscan una manera de ser expresadas “fuera” del contacto con los otros. A través de estas experiencias de tipo motor y sensorial, consiguen mantenerse protegidos y construir sus defensas, basadas la mayoría de las veces en comportamientos evitativos o evasivos en relación con el entorno que les rodea ( Bette Blau, 199%)

Cuando acompañamos a niños sin lenguaje, en fase muy motórica, con dificultades en la simbolización nuestro objetivo es crear el vínculo, que le otorgue seguridad, para que pueda participar de las sesiones. Crear un espacio contenedor que facilita la organización y la exploración de los límites. La sala cobra sentido de ser para poder realizar un abordaje a nivel kinestético-sensorial que le facilite al niño la apertura al entorno, a través de la expresión motora.

Los recursos empleados son la empatía kinestésica, el entonamiento afectivo y el espejamiento. La empatía kinestésica es una captación del otro a través del canal intuitivo, saberlo presente para ir hacia un encuentro mutuo. Para ello tener presencia en su hacer es importante y utilizar mecanismos como la sinolación, el eco, el borde y la imitación… El Entonamiento afectivo es un tipo de empatía que pone en condiciones al terapeuta de sentir el estado emotivo del niño, generando una respuesta en sintonía con dicho estado. En este punto entra el mundo intersubjetivo del que se desprende una capacidad de compartir, conocer y sentir con el otro, “resonar” y formar parte de un mismo mundo subjetivo. El espejamiento comporta la observación detallada del niño, espejando su movimiento sin invadir su espacio para favorecer el enraizamiento. También constituye vivencial y simbólicamente una experiencia de relación de cuidado primario.

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