La autolesión en el autismo: comprender antes que corregir

Cuando hablamos de autolesión en la infancia autista, muchas veces el miedo se nos sienta al lado. Nos asusta ver a nuestro hijo golpearse, morderse, arañarse. Nos desborda no saber cómo actuar, no entender el porqué. Pero lo primero que debemos tener claro es esto: la autolesión es una forma de comunicación. Detrás de esa conducta hay una necesidad, un dolor, una búsqueda que no ha encontrado otra vía de salida.

Nuestros hijos no quieren hacerse daño. No son “niños problema”. Están gritando algo que no saben decir con palabras. Nos están diciendo:

  • “Me duele”.
  • “No puedo más”.
  • “No entiendo lo que pasa”.
  • “Estoy abrumado por todo”.
  • “Necesito sentir algo para poder estar aquí”.

 

Y nuestro primer paso, como adultos que acompañamos, no puede ser apagar el grito, sino entenderlo. Escuchar desde el cuerpo, con toda nuestra atención puesta en lo que esa autolesión está señalando.

 

Entender la causa, desmontar el dolor

No hay una única razón para la autolesión, pero sí hay un hilo común: todas nacen de una necesidad no cubierta.

Puede ser un dolor físico, como una molestia dental o digestiva que nadie ha sabido ver. Puede ser una frustración extrema, por no poder expresar lo que se quiere o necesita. Puede ser trauma, abuso, exceso de exigencia, saturación sensorial. O puede ser, también, una necesidad neurológica profunda: la búsqueda de dopamina, de estimulación intensa, de una sensación que regule por un instante el caos interno.

Por eso, el primer paso no es aplicar una técnica. Es observar. Registrar. Escuchar. Preguntarnos, desde el cuidado: ¿Qué está tratando de regular mi hijo con esta conducta?

Y solo desde ahí, desde ese reconocimiento profundo, podemos empezar a hacer algo verdaderamente útil: desmontar la causa. No es un proceso inmediato, pero sí es un acto de amor sostenido. Crear un entorno donde esa necesidad ya no tenga que gritar para ser vista.

 

 

Ofrecer caminos, no correcciones

Cuando logramos comprender qué sostiene la autolesión, podemos empezar a ofrecer otras rutas. Rutas que no niegan la necesidad, sino que la acogen y le dan otra forma.

Si un niño se golpea porque su cuerpo necesita estimulación, tal vez necesita cojines especiales, pelotas de presión, una zona blanda donde pueda saciar esa intensidad sin daño. Si la causa es sensorial, puede requerir auriculares, luces suaves, pausas frecuentes. Si la dificultad es para esperar, para tolerar los tiempos, podemos ofrecerle sus intereses especiales mientras anticipamos con claridad qué estamos esperando y cuánto durará.

Todo esto forma parte de lo que llamamos contexto amigable. Y es clave. Porque si no garantizamos un entorno que cuide realmente a nuestros hijos, ningún recurso funcionará. Ningún pictograma podrá calmar un dolor que sigue intacto.

 

Los apoyos visuales como recordatorio, no como solución mágica

Muchas veces se recurre a los apoyos visuales como la primera medida, como si fueran la solución mágica. Pero no lo son. No pueden serlo si la causa de la autolesión sigue viva.

Los apoyos visuales funcionan cuando ya hemos hecho el trabajo previo: cuando hemos comprendido y atendido la necesidad, cuando hemos ofrecido recursos alternativos, cuando el contexto se ha transformado. Entonces sí, pueden ayudar a recordar las estrategias aprendidas, a anticipar lo que va a ocurrir, a sostener la calma.

Eso sí: el lenguaje que usamos en esos apoyos importa. Mucho. No se trata de prohibir ni de imponer. No se trata de decir “no puedes moverte” o “no debes gritar”. Porque eso niega la necesidad.

Se trata, en cambio, de ofrecer alternativas escritas y visuales que validen y acompañen:

  •  “Puedes usar tus auriculares si hay mucho ruido”.
  • “Puedes ir a tu rincón tranquilo cuando necesites descansar”.
  • “Puedes pedir ayuda con esta tarjeta si te sientes mal”.
 

Ver en papel lo que sentimos y lo que podemos hacer nos da seguridad. A todos. También a los niños.

 

Cuando la búsqueda es sensorial

Hay una causa especialmente difícil de detectar: la búsqueda de dopamina a través del dolor físico. Sí, hay niños que se autolesionan porque el cuerpo, en su forma de funcionar, ha asociado el dolor con una sensación placentera, con alivio.

En esos casos, no basta con impedir la conducta. Necesitamos ofrecer alternativas que proporcionen una estimulación similar sin daño real. Y esto requiere mucha observación, ensayo, error, ajustes. Cojines, masajes profundos, actividades de impacto controlado. No es fácil. Pero se puede. Y no estás sola en ello.

 

No todos los profesionales están preparados

Si estás atravesando este proceso, busca ayuda cualificada. No cualquier profesional está capacitado para abordar conductas autolesivas en el autismo con la profundidad, el respeto y la comprensión que se necesita.

Asegúrate de que la intervención respeta estos pasos:

  1. Comprender la causa.
  2. Desmontarla.
  3. Enseñar habilidades alternativas.

No hay atajos. Y tampoco hay milagros. Pero sí hay caminos que, aunque largos, llevan al bienestar.

 

Un abrazo hasta tu cansancio

Si estás viviendo esto, si cada día te preguntas cómo acompañar sin herirte tú también, si sientes culpa, miedo, agotamiento… quiero decirte algo muy sencillo:

Te abrazo. Con todo. Hasta donde te duele y más allá.

Estás haciendo lo mejor que puedes. Y eso merece ser visto, reconocido y sostenido.

En La Raíz 21 caminamos contigo.

2 respuestas

  1. Buenos dias,

    Mi hijo de 14 años es respirador bucal por alergias respiratorias e hipertrofia de cornetes.
    Es muy cooperador y tuvo una temporada de arrancarse el pelo( hace 2 dias que volvió a hacerlo)
    Me recomendaron PNIE para tratar su sistema inmune.
    ¿ Vosotros sabéis del el tema ?
    Muchísimas gracias,
    Un saludo.

    1. Hola Marina,

      Gracias por tu mensaje y por compartir con tanta claridad la situación de tu hijo. Sí, conocemos el tema que comentas y estaríamos encantad@s de orientarte con más detalle.

      Puedes llamarnos directamente a la consulta al 613 150 653 y estaremos encantad@s de ayudarte y valorar cómo podemos acompañaros.

      Un abrazo,
      Equipo de La Raíz 21

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *