Comprendiendo las diferencias sin comparar

Tal vez sea uno de los mayores errores que como papás y mamás podemos llegar a cometer. Y es que resulta difícil no caer en la tentación de comparar a nuestros hijos con otros niñ@s de su edad, especialmente si tienen neurodivergencia. Asegurarnos de que se desarrollan al mismo ritmo que sus compañeros nos aporta tranquilidad, y si lo hacen a un ritmo más rápido, nos enorgullece. Pero ¿qué ocurre cuando sucede lo contrario? ¿Y si nuestros peques no avanzan a la misma velocidad que sus amiguitos? ¿Deberíamos preocuparnos? La respuesta es un rotundo no.

Cuando hablamos con nuestros amigos, especialmente si también son papás y mamás, muchas veces nos cuentan que sus hijos no evolucionan al mismo ritmo que sus compañeros de clase, como hacer el intento de ponerse en pie, hablar, seguir unas determinadas pautas de sueño o comer solitos. Es en esos momentos cuando incurrimos en el error de comparar a esos niños y niñas con los nuestros, preguntándonos qué estamos haciendo mal para que no vayan a la par, desatando pensamientos de ansiedad y preocupación que sin duda alguna terminaremos trasladando a los peques de la casa. Lo que no entendemos, es que cada niñ@ es únic@, y cuenta con unos tiempos de adaptación y aprendizaje propios.

 

¿Cuáles son los daños que provocan las comparaciones entre niños?
1. Frustración. Suele producirse en entornos de familias donde hay un hijo o más con neurodivergencias, donde cada hermano o hermana supone un objetivo a igualar e incluso superar, aunque también puede darse cuando los padres y madres resultan demasiado exigentes. Pues bien, si los niñ@s no consiguen lo que se espera de ellos, sienten impotencia, y esa impotencia desemboca en frustración. Una enorme tristeza por no ser capaces de satisfacer las expectativas que sus papás y mamás han puesto en ellos y ellas. Además, esto puede desencadenar otro tipo de reacciones, como comportamientos obsesivos y cierta propensión a la irritabilidad. 
Al mismo tiempo la frustración también la sienten los padres de hij@s neurodivergentes sentimos el peso de la mirada de otros padres, a veces de compasión, otras de no entender qué está pasando con nuestros hij@s, otras de juicio, lo que agrava nuestra decisión de exponernos con nuestros hij@s debido a la frustración que nos supone a las familias la presión social.

2. Pérdida de la autoestima. Avalada por el punto anterior. Si nuestros hij@s se ven comparados continuamente con otros niñ@s que sí alcanzan los objetivos que les ponemos, se sentirán inferiores a ellos, provocándoles desconfianza, tristeza, indecisión, y una imagen negativa de sí mismos, lo que a su vez provocará que se vuelvan tímidos e introvertidos. En contrapartida, lo que debemos hacer es reforzar esa autoestima desde bien pequeñitos para que se sientan fuertes a nivel emocional, y puedan enfrentarse a cualquier obstáculo que se les ponga por delante en ese proceso de independencia del que tanto os hemos hablado. 

3. Inactividad. No hay nada más triste que ver a un niñ@ parado, sin ganas de jugar o realizar alguna actividad que le guste. ¿Cuál puede ser la causa de esto? Muy sencillo: Cuando queremos que nuestros hij@s realicen juegos o actividades sin tener en cuenta sus intereses particulares nos vamos alejando y desconectando de ellos. Quizás porque no podamos sostener su actividad repetitiva, quizás porque entendemos que dejarlo hacer lo mismo es no ayudarle a evolucionar. Sea como fuere produce falta de interacción y juicio en el juego del niñ@ que tiene como única finalidad el disfrute. Debemos entender que, al igual que nos sucede a nosotros los adultos, sentirnos medidos, juzgados y comparados no resulta en absoluto agradable, y nos priva de las ganas de querer seguir haciendo aquello por lo que se nos ha evaluado sin haberlo pedido. Es muy probable que no nos demos cuenta de esto, pero las comparaciones, lejos de motivar para obtener una mejoría, suelen conseguir el efecto contrario al deseado

4. Envidia. Comparar, como ya os hemos explicado en los puntos anteriores, está mal; pero hacerlo delante de nuestros hijos, es aún peor. A nadie le gusta que le digan que debería parecerse a tal o cual persona constantemente, y a los niños y niñas les ocurre exactamente lo mismo. Por lo tanto, lo que estaremos consiguiendo con esto es plantar la semilla de la rivalidad entre nuestro hijo o hija y el sujeto en cuestión. Y lo mismo ocurre si las comparaciones se establecen entre hermanos o hermanas, con el agravante de estar fomentando los celos que también os hemos aconsejado evitar en otras entradas. 

En definitiva, tenemos que hacer saber a nuestros hijos e hijas que les aceptamos tal como son, con sus virtudes y sus aspectos de mejora, pero que dichos aspectos no influirán de ningún modo en nuestro amor por ellos. Más bien, lo que podemos hacer para motivarlos es reforzar sus conductas positivas cuando aparezcan. Dicho de otro modo, estimular su deseo por mejorar, por aprender, pero sin establecer nunca comparaciones con sus hermanos o compañeros de cole. Se trata de ellos y ellas, no de los demás. 

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